La Casa de la Moneda de Venezuela (CMV) es un complejo industrial que cuenta con la más alta tecnología para acuñar monedas, imprimir billetes y producir especies valoradas (timbres y estampillas fiscales, papel sellado, bandas de garantía, entre otras). El Banco Central de Venezuela, además de ser el guardián de las reservas internacionales, es el órgano garante de la existencia oportuna y suficiente de medios de pago (billetes y monedas) a objeto de permitir el normal funcionamiento de la economía. La Casa de la Moneda se fundamenta, precisamente, en las disposiciones legales que facultan al Banco Central para emitir billetes y acuñar monedas. Con la puesta en marcha de la CMV, el Banco Central de Venezuela garantiza la provisión de billetes y monedas con mayor grado de autonomía, al cambiar el estatus de importador a productor. Así asegura la existencia oportuna y suficiente de medios de pago que permiten el normal funcionamiento de la economía. La Casa de la Moneda de Venezuela tiene carácter de Gerencia General del Banco Central de Venezuela, con rango de vicepresidencia. Su estructura organizativa se fundamenta en esquemas sencillos: un supervisor, un coordinador y equipos de trabajo integrados por ingenieros y técnicos. Todo el personal que se incorpora para el manejo de los equipos se prepara, mediante pasantías, en casas de la moneda de América Latina y Europa y asisten a cursos de formación dictados por la empresa suiza De la Rue Giori, la cual es proveedora de los equipos de impresión y acuñación que posee la CMV y brinda asesoría técnica para el funcionamiento de la fábrica.
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La idea de crear una Casa de la Moneda en Venezuela nace en marzo de 1983, cuando el directorio del Banco Central de Venezuela decide adquirir la parcela de terreno colindante con las instalaciones del instituto emisor, conocido entonces como Manzana Norte y donde actualmente se encuentra la plaza Juan Pedro López e instalaciones subterráneas con fines de Tesorería y bóvedas.
Las autoridades del BCV, presididas entonces por Leopoldo Díaz Bruzual, consideraron necesario mejorar el grado de autonomía del país en el aprovisionamiento de medios de pago. Se contrata a la Casa de la Moneda de Brasil para realizar el primer estudio de viabilidad económica. Las conclusiones de esa evaluación, entregadas al BCV a comienzos de 1984, fueron favorables, al igual que sucesivas actualizaciones de los estudios de factibilidad realizados en 1987, en 1990 y en 1992.
En 1989 el BCV decidió ejecutar el proyecto fuera del casco urbano de la ciudad de Caracas por razones estratégicas. La hacienda La Placera, en Maracay, reunía las condiciones necesarias para el proyecto como son cercanía a puertos, buenas vías de comunicación y disponibilidad de servicios públicos, además de estar localizado en un centro urbano de importancia para el país. En 1998 el complejo industrial de la Casa de la Moneda de Venezuela estaba prácticamente construido y en 1999 comenzaron a producir las primeras monedas venezolanas de Bs.20, Bs.50, Bs.100 y Bs.500 con el logo de la CMV en el anverso. Estas monedas salieron en circulación en junio del año 2000.
En el año 2001, la Casa de la Moneda de Venezuela acuñó monedas de Bs.10, Bs.20 y Bs.50, Bs.100 y Bs.500 y un nuevo billete de Bs.10.000, cuyo elemento característico es incluir el texto "República Bolivariana de Venezuela". Igualmente, en el mismo año la fábrica de especies valoradas comenzó a establecer contactos para la elaboración de estampillas y timbres fiscales para diversas gobernaciones.
La historia de la acuñación de monedas en el país se inició en la época de la Capitanía General de Venezuela, cuando el gobernador y capitán de la provincia Don Manuel de Guevara y Vasconcelos, decretó la extinción de fichas y señas fabricadas por los propios comerciantes, haciendas y particulares para honrar sus transacciones. Fue así como el 12 de junio de 1802 se comenzaron a acuñar en un modesto taller en Santiago de León de Caracas piezas de cobre, imperfectas en su cuño y con carácter de seña.
Aunque no tenía la importancia de los establecimientos monetarios de otras regiones americanas de la época, esta incipiente fábrica ostentaba el pomposo nombre de REAL CASA DE MONEDA. Durante la guerra de independencia pasó, alternativamente, de manos de los realistas a las de los patriotas, según quien tuviera el control de la ciudad, proveyendo del efectivo necesario a ambos bandos. Su quehacer transcurrió entre interrupciones, a veces más largas que sus períodos de actividad, hasta el 5 de julio de 1830, cuando el Congreso acuerda clausurar la fábrica definitivamente.
Luego de que Venezuela se separara de la Gran Colombia, el circulante comenzó a crecer -entre 1830 y 1943- a expensas de las monedas extranjeras y la acuñación de piezas nacionales en el exterior. En el tercer y último período de gobierno del general Antonio Guzmán Blanco tuvo lugar el establecimiento de la segunda Casa de Moneda de Caracas, para sustituir el circulante extranjero por moneda nacional.
El 16 de octubre de 1886 se puso en funcionamiento la maquinaria y se le obsequió a Guzmán Blanco la primera moneda de oro de Bs.100. El Presidente, al recibirla de manos del general Jacinto R. Pachano, inspector del Gobierno Nacional, dijo: ¡Qué bueno, Pachano!". Esa expresión originó el nombre de "pachano" con el que se distinguió comúnmente esta moneda. Al utilizar oro de Guayana, las piezas adquirieron un amarillo verdusco que las diferenciaban de las falsificaciones. Ese mismo mes, por decreto, se prohibe la importación de toda moneda de plata extranjera, práctica que había privado por más de 50 años.
La Casa de la Moneda se instaló en Caracas en la avenida Norte 4, número 48, en la antigua calle del Comercio, en una casa de dos pisos que hacía esquina frente a la de Caja de Agua. Esa esquina fue llamada El Cuño, nombre que aún conserva y que deriva, precisamente, de la actividad de la fábrica operada por la contratista francesa La Monnaie. A los 33 meses de operaciones, el Gobierno le ordena a la operadora de la Casa de la Moneda, que cese la acuñación de monedas de plata decisión fundamentada en la Ley de 1887 sobre la materia. El Gobierno adquiere las propiedades de la empresa y pasa a ser el dueño legítimo del "Cuño Nacional". A partir de 1890 las monedas venezolanas se han acuñado en el exterior, en diferentes países y diferentes empresas.
Un siglo después, el BCV retoma la idea de una casa de la moneda para Venezuela con el objetivo de mejorar el grado de autonomía del país en el aprovision.