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Historia de la
Moneda Venezolana
En el continente americano los abor�genes no
conocieron la moneda en su concepto moderno, ellos efectuaban sus operaciones
cambiarias, con las distintas tribus, al estilo de trueque por medio de
diferentes productos
a manera de moneda, entre ellos el urao (especie de salitre amargo extra�do de
la laguna ubicada en Lagunillas de M�rida) la sal, el tabaco y el algod�n. En el
Tocuyo, por ejemplo, los ind�genas empleaban una moneda llamada quiteroque, que
consist�a en unas cuentas peque�as de caracoles, de piedrezuelas de poco valor y
huesos de animales, con las que hac�an todo tipo de tratos. Entre los relatos de
la �poca se observa el comercio que realizaban, por ejemplo, los coanao, tribu
del occidente del Lago de Maracaibo llevando a vender a tierras adentro sal a
cambio de oro labrado en �guilas, zarcillos y otras piezas. Los caquet�os y
guaycar�es hac�an mercado, cambiando frutas y otros v�veres por pescado. |
En Venezuela, las primeras monedas conocidas fueron tra�das por los conquistadores en 1498. No obstante la escasez de monedas y la poca producci�n de objetos vendibles, hizo que en el Siglo XVI predominara el trueque como forma de comercio el cual obligaba a dar directamente producto por producto, lo que result� ser insuficiente por la falta de coincidencia de los deseos y necesidades entre la poblaci�n. Y a�n en caso de coincidencia de necesidades, exist�a la diferencia de la cantidad requerida. Esta falta de relaci�n hizo resaltar a�n m�s la necesidad de disponer de alg�n medio de pago m�s confiable y aceptado por todos. Fueron las perlas las llamadas a llenar este vac�o. Cabe destacar que el Cabildo Caraque�o declar� las perlas de Margarita como moneda, decisi�n que se mantuvo entre 1589 y 1620.
Durante el siglo XVI la organizaci�n econ�mica venezolana hizo prevalecer el primitivo sistema de trueque directo. Objetos diversos ejerc�an la funci�n de moneda. Las perlas, principalmente, jugaron este papel hasta el siglo XVII. Las perlas eran clasificadas en cuatro g�neros: cadenilla, media cadenilla, rostrillo y medio rostrillo. Tan habitual era su circulaci�n, que los mercaderes, funcionarios de hacienda y particulares en general hac�an las valuaciones de mercader�as y otros efectos en "reales de perlas", �sta era la base de las operaciones comerciales y con �stas se recaudaba la mayor�a de los impuestos.
Desde el descubrimiento eran conocidas las perlas que se pescaban en Cubagua y Margarita y su abundancia permit�a usarlas como medio de pago. El valor asignado depend�a de su peso lo cual trajo consigo la necesidad de utilizar una balanza para poder conocer su equivalencia con el dinero. Pero la diferencia de tama�o y calidad hizo dif�cil la aplicaci�n de la norma general de que 16 reales de plata; en este caso en perlas, equivalieran a un peso de oro. La tendencia era aceptar de 18 a 20 reales en perlas por peso. Y todav�a quedaba la incertidumbre entre las perlas y los reales de plata, por lo cual las autoridades decidieron finalmente fijar once granos de rostrillo por cada real.
Durante m�s de un siglo la perla cumpli� la funci�n de moneda. En determinados momentos aventajaba a la moneda de oro y plata espa�ola, ya que �sta sufr�a gran inestabilidad por la escasez que se presentaba continuamente de dichos metales. En estas condiciones las perlas generaban m�s confianza en el �nimo de los mercaderes, pues su valor estaba menos expuesto a fluctuaciones.
En el empleo de las perlas se pueden distinguir dos �pocas:
La primera corresponde al tiempo de llegada de los espa�oles hasta treinta o cuarenta a�os despu�s, cuando las perlas se obten�an de los indios o las extra�an ellos mismos en las proximidades de Cubagua, estas perlas se consideraban mercader�a de lujo y aunque ocasionalmente se usaban como moneda, generalmente se retiraban pronto de circulaci�n, por ser un art�culo muy solicitado y valioso. La operaci�n era m�s un trueque que realmente el uso como moneda.
En la segunda �poca ya las perlas hab�an dejado de ser un objeto de tanta codicia y su precio era m�s o menos estable, permanec�an constantemente en circulaci�n y dejaron de ser unas operaciones de simple trueque ya que su valor guardaba un firme equilibrio, esto se puede comprobar en el hecho de que hayan sido utilizadas para acumulaci�n, gran parte de los capitales de la Provincia y de particulares consist�a en perlas, adem�s tambi�n era permitido el pago de impuestos con perlas.
Durante la misma �poca tambi�n se trataba con pedacitos de oro que se le imprim�a la marca real, lo que garantizaba la calidad del metal, m�s no su precio. Estas piezas circulaban no como unidades monetarias, sino por peso, lo que resultaba bastante complicado, ya que el proceso de pesar metales preciosos es sumamente delicado, la menor diferencia representa una considerable p�rdida para cualquiera de las partes y esto daba lugar a discusiones que retrasaban o imped�an las transacciones. Adem�s de esto, el oro era muy escaso para la �poca, su uso en la elaboraci�n de joyas disminu�a mucho el circulante.En 1600 se present� un problema ya que no hab�a oro alguno en la colonia y muy pocas perlas, por lo que el Cabildo tuvo que informar al Rey que por la falta de monedas, los vecinos se hab�an visto en la necesidad de volver al trueque, principalmente sobre la base de harina, lienzo de algod�n y zarzaparrilla. Con el tiempo, la mayor parte de las monedas de las que dispon�a la Provincia proven�an de sus exportaciones a las Antillas. M�xico lleg� a ser a mediados del siglo XVII, la �nica fuente de aprovisionamiento monetario, ya que se recib�an grandes cantidades de monedas de oro y plata en pago de las grandes cantidades de cacao que se le enviaban.
Las perlas que serv�an de monedas eran siempre las peque�as e irregulares, ya que las grandes y regulares eran usadas como joyas. Un conjunto de perlas irregulares, o alj�far, formaban el rastrillo de acuerdo al n�mero de perlas que conten�a.
Para facilitar la aplicaci�n de la medida de los "once granos" y evitar el enga�o y fraude, el Cabildo de Caracas hizo fabricar por el platero Pedro Fern�ndez, pesas de dos reales, un real y medio real, debidamente selladas con una marca de le�n, el s�mbolo de la ciudad.
Por otra parte, preocupaba a las autoridades no s�lo la utilizaci�n de las perlas como monedas, sino la evasi�n de impuestos, ya que la pesca de perlas y su posterior uso a menudo se hacia sin depositar el "quinto real", tal como se cumpl�a en la explotaci�n y acu�aci�n de los metales preciosos.
Las perlas como moneda siguieron teniendo tropiezos y hacia los comienzos del Siglo XVII terminaron por desaparecer del mercado, por lo cual se impuso de nuevo el trueque como forma de comercio m�s usada.
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